Presiona ENTER para ver los resultados o ESC para cancelar.

URUGUAY: 200 AÑOS, DOSCIENTAS PREGUNTAS – TERCERA RESPUESTA

200 años, 200 preguntas

Portada del libro “Uruguay: 200 años, doscientas preguntas” de Marcello Figueredo

 

Para el libro Uruguay: 200 años, doscientas preguntas, se me formularon tres preguntas. La tercera de ellas fue:

 

¿Cuáles son hoy, si es que las hay, las voces críticas que, como las de Rodó, Figari y Onetti, están siendo ignoradas por el país político?

 

Al país Maracaná le incomoda conectar la enseñanza que funciona mal, con una mano de obra de baja calificación, rutas al 45% en estado regular o malo, ferrocarriles inútiles a 40 kms/hora, centenares de miles de viviendas vacías frente al avance de los asentamientos irregulares, ciudades del siglo XXI trabadas por una velocidad del siglo XIX como el caballo y una emigración crónica que sólo disminuyó por la crisis de los países de destino. El  Estado desertor cede ante poderes opacos y exhibe su negligencia en su negativa contumaz para resolver la patética “guerra de las patentes”.

 

Al Uruguay-Maracaná le agrada creer que los actuales índices de crecimiento gestarán la bonanza, en un enfoque economicista que elude considerar que el crecimiento es un componente necesario pero insuficiente del desarrollo. El desarrollo depende también del rumbo y éste de los buenos debates que suelen promover las voces críticas.

 

¿Dónde están hoy esas voces críticas? Dispersas, apabulladas por el ruido de los grupos de presión. Expresan al país silencioso que hace 50 años pide cambiar, de múltiples formas, hasta yéndose en masa -500 mil personas en 40 años.

 

A través de sus múltiples voces críticas, el país silencioso le pide a la política que de una vez por todas lo represente frente a los poderes oscuros. ¿Es admisible que en 2010 la política se lamente de que el país carezca de un transporte barato e imprescindible como el ferrocarril? ¿No pudo acordar en una prioridad evidente como esa? La política juega a la pelea como si ignorara que la sociedad vota para que sus representantes negocien y acuerden. ¿Cuál sino podría ser el objetivo de la democracia representativa?

 

Las voces críticas son hoy una multitud a la que se ignora porque no grita, ni patotea, ni corta calles, ni desorganiza la producción. Sus voces son tan lúcidas como las de los tres grandes por los que se me ha preguntado.

 

Comentarios

Deja un comentario