Presiona ENTER para ver los resultados o ESC para cancelar.

UN PAÍS OCCIDENTAL

Daniel Mazzone | Montevideo

El foco de la discusión radica en la diferente valoración sobre el papel jugado por José Enrique Rodó en la acumulación teórica sobre el futuro de América latina.

 

@| Leí con cierta perplejidad la columna “Un país occidental”, de Tomás Teijeiro (sábado 23) en la que aborda temas complejos con superficialidad y adjudica a un único factor la causa de nuestros graves problemas actuales.

Coincido en que “la noticia de que la OCDE califica a Uruguay como país que restringe la producción pasó sin pena ni gloria”. Y también en que la sociedad uruguaya no acostumbra reflexionar acerca de “quiénes somos, dónde queremos estar y con quiénes juntarnos”.

De todos modos, el punto llega con la pregunta: “¿qué nos impide hacer bien los deberes” para transformarnos en un país competitivo que no restrinja la producción? La respuesta es simplista: “Tenemos las condiciones objetivas, es verdad, pero no tenemos las subjetivas. ¿Por qué? La causa es haber dejado de sentirnos occidentales para sentirnos latinoamericanos. Y esto surge de la visión integrista de Rodó quien retomó el verso de la Patria Grande y retransmitió el mensaje con Ariel, luego amplificado por Galeano (terminándose) por minar los principales rasgos occidentales: el respeto por la ley, la ética del trabajo, etc.”

Si el columnista hubiera leído atentamente a Rodó, jamás podría sostener:

1) Que Galeano es un continuador de Rodó. Lo desafío a que encuentre una sola mención de Rodó en los libros de Galeano.

2) Que Rodó haya siquiera pensado en aislar a Uruguay e Iberoamérica de Occidente. Idéntico desafío: que demuestre un párrafo de la obra en la que Rodó se desmarque de Occidente.

La esencia de la obra de Rodó consistió en postular una idea de Iberoamérica como algo distinto de Europa y los Estados Unidos, que eran los dos modelos de éxito de ese momento. ¿Acaso no es lo que hicieron un siglo antes los padres fundadores de los Estados Unidos sin pensarse fuera de Occidente?

Cuando publicó Ariel, en 1900, Rodó pensó bajo la impronta de tres factores:

En primer lugar, le preocupaba cómo integrar el mayor aluvión migratorio de la historia uruguaya: 250.000 inmigrantes entre 1830 y 1910 (de los cuales, más de 100 mil en los 30 años que van desde 1880 a 1910).

En segundo lugar, le preocupaba hondamente la inestabilidad institucional que particularmente desde 1897 dividía al país en dos estados, uno en que gobernaba el Partido Colorado y otro en que prevalecía el Partido Nacional. De ahí su énfasis en la democracia, a la que caracterizó junto a la ciencia (hoy le llamaríamos innovación), como los dos pilares del siglo que se iniciaba.

El tercer factor fue la invasión de Cuba y Puerto Rico por los Estados Unidos en 1898 y la necesidad de marcar distancia de un gesto imperial que si bien “liberaba” a Cuba y Puerto Rico de la dominación española, los conducía a la tutela de otro imperio. Su crítica de los Estados Unidos -por momentos excesiva- contribuyó a señalar que no todas eran rosas en el país más pujante del momento.

Rodó no sólo dedicó su obra, sino su actuación periodística y parlamentaria, a insertar a Uruguay e Iberoamérica en Occidente. Su polémica de 1906 con Pedro Díaz en torno a la eliminación de los crucifijos en los hospitales uruguayos expresa categorías argumentales democráticas, antijacobinas, liberales, occidentales.

Estimado columnista, si su necesidad es la de encontrar responsables por la situación de retroceso cultural que vive el Uruguay, lo invito a discutir el punto serena y fundadamente. No es con argumentos falaciosos, ni simplificaciones arbitrarias, que encontraremos el necesario camino de los acuerdos que nos proyecten con éxito en un mundo cada vez más complejo.

“Este artículo fue escrito en respuesta a la columna que un columnista de El País escribió el sábado 23 de enero de 2016 y fue publicada por El País en la sección ECOS el miércoles 27 de enero de 2016”.

 

Comentarios

Deja un comentario